Por qué elegir estos criterios y no improvisar cada vez
Cada disciplina creativa tiene su propio ritmo: una pieza de diseño se explica por proceso, una producción audiovisual por etapas, una obra musical por registros y una trayectoria artística por series. Lo que cambia es el formato; lo que se repite es la necesidad de acordar antes de empezar.
Lenguaje adaptado a cada disciplina
No es lo mismo ordenar un portfolio de diseño que describir un rol dentro de una productora o detallar los usos de una grabación. Traducimos los mismos criterios al vocabulario de cada rubro para que ambas partes entiendan lo mismo.
Acuerdos claros antes de producir
Alcance, revisiones, plazos y condiciones de uso de la obra se conversan al inicio. Así se evita la fricción típica de los trabajos por proyecto, donde lo que no se dijo suele pesar más que lo que se firmó.
Derechos de autor como parte del trato
Cesión y licencia no son lo mismo, y confundirlas trae problemas después. Trabajamos este punto como parte del acuerdo, no como un anexo que se resuelve al final del proyecto.
Coordinación entre disciplinas
Cuando audiovisual y música comparten un proyecto, los tiempos no siempre coinciden. Definir responsables por entregable y revisiones breves ayuda a sostener la calidad sin sobrecargar al equipo.
Sin promesas de contratación
No ofrecemos empleos ni garantizamos resultados. Lo que hacemos es ordenar criterios de organización, acuerdos y derechos para que las decisiones se tomen con información, no con urgencia.
Ejemplos ilustrativos, no casos reales
Los escenarios que mencionamos sirven para explicar criterios. No describen clientes, proyectos ni trayectorias concretas: son formas de mostrar cómo se aplica el mismo marco en contextos distintos.